El torito de West Point
¡Qué barbaridad! Hoy en día aceptan ya a cualquiera en el ejército americano, estoy pensando enrolarme, ya no hay topes de tallas ni tamaños..., ahora eso sí, en forma están, porque uno de los chavales de West Point era lo más parecido al torito de osborne (¿o al del Fary?) que se puede uno encontrar, pero nos ha dado tal baño en el partido de hoy, que algunos han quedado un tanto escocidos. No, yo no, que ya estoy muy escaldado en estas lides y tengo los huevecillos negros del humo de mil batallas, a mi no me escuece, a mi sólo me "jode" un poquillo..., pero no os preocupéis, Tingus y Césare, que habrá revancha y entonces serán otros toros, los "sentado" y compañía, los que pasen por encima de los chicos de West Point, que se verán abocados a tocar retirada, como en las películas de indios y vaqueros...Hasta el lunes chavales..., (a ver si lo de mis vacaciones os va a escocer más).
Pequi.

Ayer tuvimos el primer contacto con la psicóloga y la trabajadora social que llevan nuestro expediente de adopción, lo que supone el comienzo de la segunda fase antes de la llegada de Miranda. Una vez superada ésta, mandaran nuestro expediente a China y dará comienzo el embarazo propiamente dicho, que durará dieciséis meses en lugar de nueve. Mientras, el profesor Bacterio y mi cuñada Yolanda están abriendo el camino en Pekin y hoy mi pequi-peque (María) se ha disfrazado de China para el correcalles de carnaval en el cole..., todo apunta a que Miranda está cada vez más cerca y ya huele a bebé en casa, por otro lado es lógico que viniendo la cigüeña de tan lejos, tarde más.

!Aaaahhh¡ la tacita de plata en plena efervescencia, días de erizos, ostiones, pestiños, tortillas de camarones, chirigotas y continuas payasadas con alguna que otra borrachera por las calles de Cádiz y yo con la eterna promesa de que el año que viene no pienso faltar..., y es que este es uno de esos exóticos caprichos a los que hay que renunciar con la paternidad, pero sólo al principio, porque el año que viene sí que estaremos preparados para ir con la niña al carnaval, que, todo hay que decirlo, me ha salido un tanto payasa y creo que le va a encantar, como al padre..., así que el que quiera apuntarse, ya sabe, el año que viene no faltamos, lo prometo.





Que grandes fogatas te perdiste ayer, O'Tití, seguro que hasta O'Cherme habría estado orgulloso de las llamaradas que liamos Rosco y yo, ayer por la mañana, en los terrenos de Doncilla, dignas de las grandes "folgueiras" que hicimos en "Portugais"... ¡Ah! que grandes "feiras" pasamos quemando ramas y bebiendo "vinho verde" en garrafa, ¿te acuerdas O'Tití?, fortaleciéndonos que le gusta de decir al señor "inyenieiro"..., y sabes lo más curioso de todo (si se entera O'Cherme se muere de la envidia), que la semana de antes, aparecí comido por picaduras de pulga, como si se hubiesen olido esos malditos bichos que ibamos a adelantar la noche de San Juan a primeros de febrero... Tengo la espalda echa polvo de recoger ramas y el cuerpo comido de granos, pero que evocadora ha sido la semana, O'Tití..., la próxima poda no me olvido de avisarte, te lo prometo.
No, no es el nombre de una revista del corazón..., son los minutos que me quedan para irme a tomar la cerveza de los viernes..., pero no sin antes hacer una reflexión de algo realmente importante. ¿Es la veteranía realmente un grado? Yo creía que sí, creía que el hecho de llevar aquí diez años, prácticamente, me daba derecho a ciertas licencias, como la de tener todos los viernes la excusa perfecta para que el jefe me dejara escaquearme a las dos de la tarde para la bien ganada cerveza, para tener tres trienios en vez de dos y poder mantener a mi hija mejor que Enti (el día que la tenga), para tener dos calculadoras cuando hay compañeras que comparten una..., pero ahí me equivocaba, resulta que busco y busco y no encuentro esa segunda calculadora y aunque Rocío, Césare y Tingus aseguran que no me la han levantado yo aseguro que la tenía, así que voy a tener que hacer como los chusqueros de verdad (que se note ese grado), ¡cuando vuelva de la birra quiero que la calculadora esté sobre mi mesa, y que nadie se mueva de su sitio hasta que no aparezca!....
¡Que barbaridad! Es increible, quizás sea el hombre, junto a la rata y la cucaracha, la especie que mejor se adapta al medio..., digamos que es a las especies, lo que la pimienta negra a las especias, por lo menos yo se lo echo a todo..., y si es británico, más (¡la cucaracha británica tiene que ser la hostia!). Ayer me crucé un armario empotrado conduciendo un mini y encima con el volante a la derecha. Nunca me acostumbraré a que conduzca el copiloto, recuerdo que en Inglaterra, todos los santos días, me quedaba esperando en la puerta del copiloto (de un mini también, que es como el peloto de aquí) y el señor de mi casa me venía a decir en su idioma: ¡qué, hoy conduces tú? Claro que visto desde la parte práctica, quizás tenga su lógica, al estar en ese lado, no te la juegas al bajar el coche, ¡que se la juegue el copiloto joder! y además, con lo de la flema, si se pasan el día escupiendo, no se pueden dar nunca en la cara con el que se cruzan de frente..., siempre escupen hacia el peatón, ¡con dos cojones! Eso sí, el mini era precioso, modelo antiguo con guardabarros aerodinámicos y rojo y blanco, mis dos colores siempre que no se separen (por separado pierden mucho).

